En las últimas décadas, se han acentuado procesos de internacionalización de la economía.El salto tecnológico ha permitido una circulación más acelerada de los bienes y servicios a escala mundial. La consolidación de grandes bloques comerciales internacionales, junto con la apertura de nuevos mercados (Europa del Este, recientemente China), ha generado nuevas condiciones para el intercambio, que a su vez suponen nuevas condiciones para la producción. Así, las empresas y las economías nacionales deben enfrentar nuevos estándares de planeamiento, producción, intercambio y renovación tecnológica, con el objeto de mantener su lugar en la circulación internacional de bienes y servicios.

Estos umbrales de participación en el mercado mundial ya no solo se refieren a garantizar las condiciones para incrementar la producción de bienes, como exigía a mediados del siglo XX la producción en masa. El volumen y la especialización de los productos que entraron en circulación con la expansión económica de la segunda posguerra han conformado mercados cada vez más exigentes.

Las necesidades de la producción a gran escala habían dado lugar a la introducción de mecanismos de control de las variables críticas del producto y del proceso de generación asociado cuyo propósito era minimizar las pérdidas del proceso productivo. Sin embargo, la competencia a nivel internacional hizo que la mirada sobre la calidad de productos y procesos no solo estuviese dirigida a garantizar la continuidad del proceso de producción, sino que se hizo necesario garantizar las condiciones de calidad en la totalidad de los procesos de las organizaciones y brindar un enfoque totalizador que incluya al cliente.

En años recientes, la preocupación por la calidad ha atravesado por nuevas fases de desarrollo. Actualmente se concibe que la calidad no solo se encuentra representada en la materialidad del producto o del servicio sino que, es un concepto aplicable a las condiciones de la producción, el comercio, el diseño y la innovación.

En el ámbito nacional, es posible considerar que distintos sectores de la economía han cobrado creciente conciencia acerca de la necesidad de garantizar condiciones de calidad   en los procesos y en los productos, tanto de bienes como de servicios. El desafío actual del campo profesional, entonces, reside en avanzar en un perfeccionamiento de la calidad, garantizando desde la gestión de los procesos.

 

En este marco, el concepto mismo de calidad se ha visto modificado. La calidad ya no se entiende como un resultado aislado, ni como el producto de una acción ex post de control y revisión, sino como la síntesis del esfuerzo participativo y solidario del conjunto de los integrantes de la organización. Asimismo, el carácter cada vez más complejo y cambiante de las organizaciones y los procesos productivos requiere de sistemas de gestión de la calidad en condiciones de aportar al mejoramiento continuo en escenarios variables.

Si la calidad constituye uno de los pilares fundamentales para lograr el crecimiento productivo del país, en un contexto cada vez más exigente resulta de carácter prioritario formar recursos humanos en tal sentido, por ello la Maestría en Ingeniería en Calidad se sustenta en los sistemas modernos de gestión, que supone e involucra a todos los integrantes de las organizaciones para lograr el desarrollo sostenido de las mismas.

Por todo ello, es necesario contar con ámbitos académicos que garanticen la formación de profesionales en el área, y que también permitan desarrollar actividades de investigación y transferencia.