¿Qué hacemos con la pobreza?

 

Mag. Guillermo Badino – badinogm@yahoo.com.ar

Ud., mi estimado lector, se debe haber sentido abrumado por las recientes palabras del Papa sobre la pobreza y los dimes y diretes que el tema ha hecho surgir en ámbitos públicos y privados.
Pero el debate, en nuestra visión, se ha centrado, lamentablemente, en cómo medirla y por ende, saber cuántos hay; cuando nuestros pensamientos y energía deberían ser dirigidos a cómo hacerla desaparecer (al fin y al cabo, constituye un tremendo problema que afecta al 1 o el 30% de los argentinos).

¿Qué es ser pobre?

        Creo que Ud. coincidirá conmigo, paciente lector, en que es una pregunta que genera diversas respuestas dependiendo de ideologías, mapas mentales, experiencias y situación geográfica dado que, así como la riqueza, la pobreza no tiene una distribución equitativa. Regiones del África, el sur de Asia y muchos lugares de América Latina son más castigados que otras regiones. Además ¿es lo mismo un pobre de Kenia que un pobre de Santiago del Estero, en término de carencias? Y ante esta aseveración, Ud., que es muy inteligente, preguntará de inmediato “Perdón, ¿de que carencias hablamos? Salud, comida, afectos, dignidad, consideración social, inclusión, educación…?

        Como vemos, amigo mío, echada a rodar la pelota, las variables son muy numerosas.

¿Qué tenemos que hacer?

      Hay océanos de tinta usados en explicar qué hacer,  pero mire, para mí lo primero es reconocer el problema, e intentar algunos cursos de acción para tratar de reducirla hasta hacerla desaparecer
Si, ya sé lo que me va a decir, esto no es fácil. Sin duda, sin duda estoy de acuerdo, pero ¿cuándo vamos a aceptar el desafío de enfrentarla?
Pienso en los chicos, sobre todo. Porque el adulto al menos puede hacer algo para sobrevivir (los de “abajo” son muy hábiles para esto), ¿pero el niño?
Quizás deberíamos pensar en dos cursos paralelos. El primero: erradicar la desnutrición infantil mediante la acción pública y privada. No olvidemos la educación pero: Recordemos que Chico con hambre aprende poco.
Luego, los otros aspectos de esta verdadera deshonra para la Humanidad, la pobreza

¿Quién hará algo al respecto?

      De los gobiernos esperamos poco. Apenas unas medidas asistencialistas, muchas de ellas conectadas estrechamente con el clientelismo político y las burocracias de los que trabajan para los que son pobres (se quedarían sin trabajo si la pobreza desapareciera!!!!!!)
Declamaciones, muchas. Políticas de estado, cero.

¿Y los empresarios y académicos qué aportan al respecto?

      Los primeros, poco y sin arriesgar demasiado. Apenas tibias expresiones de la marquetinera (¿existe esta palabrita?) Responsabilidad Social Empresaria, concepto que hace reunir cada tanto a bien intencionadas (algunas) personas a comer para pensar en los que no tienen qué comer.
Del mundo académico surgen voces diversas que advierten y sugieren.
Prahalad, Hale y en Argentina Miguel Gardetti, dicen que hace falta un cambio de mentalidad en los que dirigen las organizaciones con y sin fines de lucro (Empresas y ONG´s) y administran la cosa pública, para entender el problema y hacer algo no para sino con los que menos tienen (la Base de la Pirámide) para, aprovechando su cultura, iniciativa y creatividad, “enseñarles a pescar” (o pescar juntos) y no “regalarles el pescado”.
El economista Muhammad Yunus cree que el crédito es un derecho fundamental, abogando por la “empresa social” y coincidiendo con el peruano Hernando de Soto quien sostiene que los títulos de propiedad mejoran la calidad de vida. Este pensamiento concuerda con la hipótesis que siempre hemos desarrollado en clases y seminarios: Tener algo mío (fundamentalmente la casa) hace que me siente mas digno, menos excluido. Comerán salteado, pero para dormir, mis hijos tienen un techo…
Si UD. lector amigo, lee o escucha decir que la fortuna de 200 personas ricas del mundo es superior a la suma de los ingresos anuales de 2.500 millones de las personas más pobres, o que prácticamente la mitad de la población mundial vive con menos de 2 dólares al día, mientras que el estadounidense promedio tiene 130 diarios, sin duda le encontrará cierto tufillo izquierdista a las aseveraciones citadas. Perdón, está equivocado.
Provienen de un grupo de estudiosos dirigidos por uno de los gurúes más respetados del pensamiento gerencial de occidente, Tom Peters, y plasmadas en su reciente libro La Revolución Necesaria.
Quizás con una inclinación ideológica que en momentos desluce el discurso, pero no sin numerosos aciertos, el Humanismo Económico que desde el cordobés CIEC, el Economista Luis Eugenio Di Marco desparrama a lo largo y ancho de América Latina, proclama la necesidad de una economía solidaria, centrada en el hombre, con el dinero subordinado a la Ética …

Conclusión:

¿Qué hacer con la pobreza? Hay muchas respuestas a esta cuestión que vienen de todos los puntos cardinales.
¿Cómo hacer para que desaparezca?
También tenemos ideas por doquier sobre esto.
El problema es Quién (o quiénes) tomará esta quemante antorcha y la transformará en parte de la Visión y Misión de una empresa, o en la prioridad UNO para la acción de gobierno, o la considerará tema imprescindible para una política de Estado,  o tema fundamental para una tesis de maestría, o la base para un instituto de investigación.
Aquí coincidimos plenamente mi estimado (y muy paciente) lector, Ud. no los conoce. Yo tampoco.