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sFuente: Diario La Prensa

Los tres se dedicaron a tiempo completo a la investigación en la ciencias básicas y fueron distinguidos con el premio Nobel. En el libro "Historia de la Medicina argentina", el doctor Federico Pérgola traza una semblanza de estos científicos ejemplares.

Por Agustina Sucri

"De la investigación dependen la salud, el bienestar, la riqueza, el poder y hasta la independencia de las naciones", sostenía el premio Nobel, Bernardo Alberto Houssay. El científico afirmaba que la investigación pemite a los países "sobrevivir y progresar en medio de una competencia mundial en la que triunfan los países que han dado mayor ayuda a los hombres de ciencia y han llegado a una alta jerarquía por la cantidad y número de sus centros de investigación".

Con estos conceptos, el doctor Federico Pérgola -- introduce en su libro "Historia de la Medicina argentina" (Editorial Eudeba) el capítulo dedicado a los investigadores argentinos y la importancia de la labor que desarrollaron.

Si bien Pérgola reconoce lo difícil que resulta establecer un índice de los médicos que han realizado "investigación pura", -es decir, aquellos que dedicaron todo su tiempo a la investigación en las ciencias básicas-, incluye en la selección a once de los más destacados del país: los tres premios Nobel -Houssay, Federico Leloir y César Milstein-, más Juan Señorans, Eduardo Braun Menéndez, Oscar Orías, Virgilio Gerardo Foglia, Eduardo D. P. De Robertis, Angel H. Roffo, Alfredo Lanari y Andrés Oscar Manuel Stoppani.

La obra de Pérgola permite conocer el derrotero de estos hombres de ciencia y sus filosofías de vida. La Prensa eligió algunos fragmentos en los que el autor describe a los tres premios Nobel.

BERNARDO ALBERTO HOUSSAY

Sus claves e ideas sobre la ciencia moderna, que nunca se cansó de pregonar, lo llevaron a ser un ejemplo de prédica en aras del perfeccionamiento de los hombres y las instituciones. Fue también un gestor incansable del tiempo completo o full time de los investigadores.

La vocación por la investigación comenzó en Houssay al leer a Claude Bernard en su "Introducción al estudio de la Medicina".

Houssay solo creía en el trabajo y en la verdad, y ello le significó el reconocimiento presto de sus pares. A tal punto que, en 1920, cuando solo contaba con 33 años, fue nombrado Director del Instituto de Fisiología, creado en ese mismo momento. Centro de investigaciones que iluminó a muchos argentinos y donde se enseñó no solamente Fisiología sino también física y química biológicas.

Bernardo Alberto Houssay Laffont nació en Buenos Aires, el 10 de abril de 1887, en el seno de una familia de origen francés y en tal medida demostró su capacidad intelectual que a los 13 años se recibía de bachiller, a los 17 de farmacéutico y a los 24 de médico.

Desde 1907 hasta 1915 actuó como ayudante y luego como jefe de Trabajos Prácticos en la Cátedra de Fisiología. En forma simultánea dictaba esta materia en la Facultad de Veterinaria (1910-1919), donde presentó su tesis de doctorado sobre pulso venoso. Entre 1915 y 1919, se desempeñó como jefe de Patología y Fisiología y del serpentario del Instituto Bacteriológico.

Fue, en principio, autodidacta; se formó solo o prácticamente solo, no disfrutó de becas ni pasantías en los grandes centros mundiales de la fisiología. Sin embargo, alcanzó celebridad siendo muy joven y mucho antes de obtener el premio Nobel.

Era un fisiólogo respetado internacionalmente, tal vez 20 años antes que el Instituto Karolinska de Suecia lo consagrara. Esto fue así merced a dos circunstancias principales: una, la profunda originalidad de su obra; y otra, la preocupación metódica por publicar sus trabajos, en español, en revistas argentinas o del mundo de habla hispana y a la par en otros idiomas de mayor relevancia en el mundo científico, en particular en francés.

Profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires entre 1919 y 1943, y en 1945 y 1946. Fue consejero de su Facultad durante varios períodos, director del Instituto de Fisiología, miembro del Consejo Superior de la UBA y presidente de la Academia Nacional de Medicina.

En 1947 recibió el premio Nobel de Medicina y Fisiología por "el descubrimiento de la importancia de la hormona del lóbulo anterior de la hipófisis para el metabolismo del azúcar".

Además, creó la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, de la cual fue su presidente durante 23 años, y fue precursor del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). 

Otros de sus logros -relata Pérgola- fueron propiciar la dedicación a tiempo completo de los científicos, ordenar la labor de múltiples colaboradores y de enseñar a miles de alumnos que cursaban en la cátedra de Fisiología. 

No obstante, aclara el autor de "Historia de la Medicina argentina", Houssay fue denostado por darle impulso preferencial a la investigación básica que, para algunos médicos -por su pensamiento utilitario- no tenía aplicación práctica.

El 15 de febrero de 1958, el gobierno provisional del general Pedro Eugenio Aramburu constituyó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), donde Houssay tendría enorme preponderancia y fuera su presidente hasta su fallecimiento.

Para graficar el pensamiento de Houssay, Pérgola cita una frase del científico: "El verdadero hombre de ciencia es el que se dedica a ella en forma exclusiva y preponderante, para investigar verdades nuevas y no el simple erudito que repite o transmite lo ya conocido, ya que la ciencia vive y progresa por la investigación".

Falleció en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1971.

LUIS FEDERICO LELOIR

"No existen problemas agotados, solo hay hombres agotados por los problemas", rezaba una frase que Leloir había dispuesto a la entrada del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar, cuenta Pérgola en su libro.

La primera parte de esta afirmación sintetiza la filosofía científica de Leloir y explica su permanente actitud de interrogar a la naturaleza por medio de la experimentación inteligente.

Según explica el autor de "Historia de la Medicina argentina", Leloir era un hombre perseverante, tenaz en el trabajo, generoso, sencillo y modesto. Dice además que Leloir "puso a la Argentina en el mapa mundial de la Bioquímica". 

Sus principales descubrimientos -todos hechos en la Argentina- fueron: la primera demostración de que los ácidos grasos pueden oxidarse en un sistema libre de células; la existencia y producción enzimática de la angiotensina, la sustancia presora natural más potente que se conoce; la dilucidación de la biosíntesis de numerosos azúcares y polisacáridos, como el almidón y el glucógeno, con la participación de compuestos clave que técnicamente se denominan "nucleótidos-azúcares"; aportes fundamentales para aclarar el mecanismo de biosíntesis de las glicoproteínas.

"Los distintos escenarios de esta epopeya científica, relativamente silenciosa, fueron, sucesivamente: el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires; el pequeño Instituto de Investigaciones de la Fundación Campomar, en Palermo; el mediano instituto de la calle Obligado, en Belgrano, donde lo sorprendió el premio Nobel y, finalmente, el gran Instituto del Parque Centenario donde hoy, una pléyade de investigadores trabajan en muchos temas, además de seguir en los clásicos sobre los azúcares", enumera Pérgola.

Leloir recibía en 1970 el Premio Nobel de Química en virtud al reconocimiento universal de sus trabajos sobre los mecanismos bioquímicos de la degradación de los azúcares complejos a carbohidratos simples.

Leloir nació en París, donde accidentalmente se encontraban sus padres (luego optaría por la ciudadanía argentina), el 6 de septiembre de 1906. En 1932, recibió su título de médico en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires y realizó sus prácticas de Medicina Interna en los hospitales Ramos Mejía y de Clínicas. En 1934 obtendría el Premio "Facultad" por su tesis de doctorado referida al papel de las glándulas suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono.

En 1936 fue a perfeccionar sus estudios bioquímicos en el Biochemical Laboratory de la universidad de Cambridge, que dirigía el premio nobel Frederick Gowland Hopkins, donde trabajó con Dixon.

En 1934, fue a trabajar a Saint Louis, en Estados Unidos, en el laboratorio de Carl y Gerty Cori, donde con Hunter, se dedicó a estudiar la formación del ácido cítrico.

Seis meses después pasó a la Universidad de Columbia donde, con su amigo David Green, se pusieron a purificar las aminotransferasas. En Inglaterra primero, y en estados Unidos después buscó su perfeccinamiento. Luego regresó a Buenos Aires.

En nuestro país, recuerda Pérgola, Leloir organizó la labor de jóvenes estudiantes argentinos que seguían su huella como jefe del departamento de Química Biológica de la UBA, presidente de la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia, miembro titular de un buen número de organizaciones científicas argentinas, entre las que menciona el Concejo Nacional de Investigaciones y la Academia Nacional de Medicina.

Estados Unidos lo acogió como miembro extranjero de las Academias de Ciencias, y de Artes y Ciencias, y de la Sociedad Americana de Filosofía. Premios y distinciones le llegaron por doquier: de las fundaciones canadiense Gaidner y norteamericana Hellen Whitney, doctorados de las Universidades de París, Granada, Córdoba, entre otros.

Falleció el 2 de diciembre de 1987. Siete meses antes había sufrido un ataque cardíaco y, pese a la recomendación de reposo absoluto, había seguido trabajando en su laboratorio de la Fundación Campomar, aunque acortando sus jornadas.

CESAR MILSTEIN

César Milstein nació en Bahía Blanca, y casi el grueso de sus investigaciones las realizó en Inglaterra, relata Pérgola.

"De padres judíos que emigraron de Ucrania, Milstein nació el 8 de octubre de 1927. Cursó la escuela primaria y el Colegio Nacional en Bahía Blanca y en 1945 se trasladó a Buenos Aires para seguir el doctorado en Química en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales", señala el director del departamento de Humanidades Médicas y del Instituto de Historia de la Medicina de la UBA.

Fue un alumno regular, actuó en el Centro de Estudiantes, del cual fue presidente, y terminó el pre-grado en 1952. Su interés por la bioquímica lo llevó en el mismo año a la Cátedra de Química Biológica de la Facultad de Medicina.

Milstein debió dedicar parte de su tiempo a trabajar en un laboratorio de análisis clínicos (1950-1956). Pese a esa limitación, su tesis mereció la calificación más alta y un premio de la Asociación Química Argentina.

En 1957 dos acontecimientos marcaron su vida: ganó por concurso la incorporación al Instituto Malbrán y una beca para trabajar en Cambridge. Postergó la primera y permaneció cuatro años en el exterior para luego comenzar en el Instituto Malbrán. Allí fue jefe del departamento de Biología Molecular. Perdería su puesto en el país cuando el ministro Padilla, durante el interinato presidencial del doctor José María Guido, intervino el Instituto Malbrán y Milstein renunció en solidaridad con colaboradores cesanteados.

En 1963 Milstein se aleja del país en forma definitiva. La vieja política agroexportadora también exportaba cerebros, materia prima científica e intelectual. Milstein retornó adonde había sido acogido con beneplácito: el Medical Research Council de Cambridge.

El 15 de octubre de 1984 -poco después de su cumpleaños-, el Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, dio a conocer a los científicos distinguidos con el premio Nobel de Fisiología y Medicina: Niels Jerne, César Milstein y Georges Kohler. Un inglés, un argentino nacionalizado británico y un alemán.
Un descubrimiento de fundamental importancia fue la fusión de células y la formación de los hibridomas. Kohler y Milstein descubrieron la forma de producir anticuerpos monoclonales: "eligiendo células progenitoras adecuadas, pudieron obtener hibridomas capaces de producir inmunoglobulinas específicas".

En sus repetidas visitas a la Argentina para ver a su familia nunca dejaba de ir de excursión a la Patagonia, donde le encantaba acampar, sortear rápidos y escalar.

Fue allí donde tuvo su primer contratiempo serio de salud y tuvo que lidiar con problemas circulatorios durante sus últimos veinte años de vida. En la madrugada del 24 de marzo de 2002, en Cambridge, Milstein dejó de existir. Su problema cardiovascular finalmente había hecho crisis.

Link: http://www.laprensa.com.ar/CienciaSalud/430166-Houssay-Leloir-y-Milstein-vivir-para-la-ciencia.note.aspx


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